#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// Está en riesgo nuestro pasatiempo nacional

El beisbol profesional es patrimonio de todos los venezolanos.

No sólo reúne a millones de compatriotas como pasatiempo nacional. Además, es generador de miles de empleos y el sueño de millones de personas que se han visto inspiradas por el Chico Carrasquel, el Chino Canónico, Luis Aparicio y tantas otras estrellas que han sido figuras de reverencia popular.

Ese patrimonio ha sido cuidado, protegido y amado por todos quienes formamos parte de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional desde su nacimiento, hace 70 años.

Los aficionados, con su presencia en las tribunas, delante de los televisores, con el radiecito encendido o leyendo la prensa; los peloteros, con su esfuerzo en el terreno y su entrega a la fiesta que es cada encuentro; los medios de comunicación, que le han dado siempre un lugar privilegiado; y por supuesto, los equipos.

El legado ha pasado de generación en generación. Quienes se han sumado como gerentes y propietarios han sabido elevar la LVBP como espectáculo, a pesar de las enormes dificultades que en ocasiones ha vivido nuestra Venezuela.

No todo ha sido brillante, es verdad. Ha habido yerros, cosas que pueden y deberían mejorar. Pero los equipos han sabido hacer, hasta ahora, dos cosas fundamentales para que el beisbol siga siendo el lugar que nos reúne, el sitio de encuentro para todos, la inauguración más esperada, la metáfora perfecta de lo mejor de la venezolanidad, esa en la que podemos fundirnos en un abrazo a pesar de las diferencias.

Los clubes han sabido mantener un espíritu de cuerpo, la mayoría de las veces. Sólo en la consciencia de que todos se hacen falta, y que creciendo entre todos es la única manera en que puede crecer la liga (y por lo tanto el espectáculo y el negocio), ha podido llegar la LVBP hasta acá.

También han sabido mantener a un lado la política en estos tiempos polarizados. Los dos extremos pueden recordar momentos en que eso estuvo a punto de romperse, ciertamente, y habrá argumentos de uno y otro lado, fechas específicas y casos concretos. A pesar de eso, es un hecho que en la Venezuela adolorida de hoy, contaminada de división, la pelota es prácticamente una excepción.

Todo eso está en riesgo hoy. La vigencia de las reglas que dan orden al circuito; el respeto a las normas, a los rivales, al espectáculo y al proyecto que forman entre todos; el lugar de encuentro libre de decisiones ajenas al diamante.

En estas fechas en las que tantas cosas se quiebran en nuestro amado país, es menester defender eso que late en nuestra emoción desde los Héroes del 41 y más atrás. Sobre todo, deben defenderlo quienes toman las decisiones y muy particularmente aquellos que han sido gente de beisbol durante todas sus vidas y tienen una historia de amor con este deporte y una trayectoria que defender.

Nada, ninguna escuadra y ningún pelotero, por más jonrones que haya dado y por más años que tenga en los terrenos, puede estar por encima de la institución que es la LVBP. El golpe al pasatiempo nacional puede ser irreparable y doloroso.

Nuestra pelota tiene que seguir siendo lugar de encuentro para todos, sin que medien simpatías extra deportivas. Y tiene que ser, especialmente, la referencia de respeto a los otros, a las reglas que se han dado y al deber ser en la conducción de cada divisa, para bien general.