#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// Buddy Bailey, segunda parte

Buddy Bailey cerró su primera semana como nuevo manager titular de los Tigres de Aragua con balance perfecto de cuatro victorias en cuatro intentos.
A veces pasa así: un cambio de mando sacude los ánimos, sin desdeñar las posibles variantes en el manejo táctico.
Bailey es archi conocido en la LVBP. Hay más leyenda que verdad en muchas de las cosas que se dicen de él, pero se le puede retratar con algunas frases afortunadas.
El receptor Guillermo Quiroz soltó una de esas sentencias, en una conversación con Jhosmari Blanco, en Maracay. Fueron nueve palabras. No hacía falta más.
“Con Bailey hay más reglas, pero todo saldrá bien”.
Este estadounidense residenciado en Maracay, con hija maracayera; que sigue viniendo a Venezuela “por amor al beisbol”, como nos dijera hace semanas, tiene la reputación de ser un exitoso capataz, en el estricto sentido de ambas palabras.
Exitoso, ya se sabe, por esas seis coronas que consiguió con los felinos y por igualmente haber metido en la postemporada a los Tiburones, las dos veces que dirigió a La Guaira.

Capataz, también se sabe, porque desde su llegada al país, en septiembre de 2002, impuso la disciplina como línea transversal de todo lo que sucede en sus divisas.
Bailey, más allá de eso, ha establecido su fama y sus logros aplicando fórmulas que trascienden el lugar común que algunos repiten, como aquello de que es impaciente para cambiar a sus lanzadores.
No es impaciente. En realidad, aplica un plan. Durante la dinastía, dejaba a sus abridores por cuatro episodios y fracción, difícilmente más allá de cinco, porque contaba con un buen bullpen, nutrido con suficientes brazos, y porque tenía la idea de que los innings ahorrados en la eliminatoria eran innings fuertes, más eficaces, en los playoffs, al mantener frescos a sus iniciadores.
Es la primera vez que Bailey toma una escuadra en plena zafra. Así que debe trabajar con lo que cuenta. Y en ese roster no tiene a un Víctor Moreno para sosegar a los contrarios en el último tercio. Quizás aún esté en el proceso de  estratificar el cuerpo de bomberos.
Los primeros resultados arrojan pistas, pero puede que todo esté en proceso.
Ronald Belisario sigue haciendo lo que antes Francisco Buttó: es el dueño de la novena entrada y le toca salvar juegos, aunque a veces lo haga con sobresaltos, como su predecesor.
La rotación está en período de montaje, por el fracaso de Odrisamer Despaigne y la salida forzada de Marcus Walden. Alex Torres y Wilfredo Ledezma no son los abridores típicos de Bailey, por la ración de boletos que otorgan, pero pueden funcionar y ahora son necesarios, junto al recién adquirido Pedro Hernández.
La clave, con ese lineup y su potencial producción, está en establecer el sistema de poleas que tienda el puente entre los iniciadores y Belisario. Allí estuvo el éxito de su primer período al frente de los aragüeños y allí estará el punto de inflexión en esta zafra, ya sin Alejandro Chacín y con Jorge Rondón, Edgar Ibarra, Eduardo Sánchez y Félix Carvallo en otros equipos.
El buen accionar de Jean Machí y Diego Moreno resulta de enorme importancia. Pero la respuesta final, por ahora, la tienen René Cortés, Daniel Hurtado y los brazos importados del Caribe.
Bailey los necesita para poder ser el viejo zorro ganador que tanto recuerda la LVBP.