#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// El adiós del Almirante

Carlos García parece haber dejado claves aquí y allá, en las entrevistas que concedió apenas fue removido de su cargo como manager del Magallanes. Habló de lealtad. De hombres que sí le fueron leales. Y cuando alguien señala algo así, probablemente está sugiriendo que hubo otros que no lo fueron.

El final de la era del Almirante al frente del equipo de sus amores no pudo ser menos amargo. Y sin embargo, más allá de esas claves que quedan para la interpretación de cada quien, habló de forma encomiable sobre la directiva, dio un espaldarazo a su sucesor Omar Malavé y subrayó el respeto que siente por la institución de la que todavía es imagen.

No ha de ser fácil despedir a alguien con esas charreteras. Lo hicieron los Tigres de Aragua en su momento con Buddy Bailey, y aquello sorprendió, por todo lo que había hecho el estadounidense con los bengalíes. Pero García no sólo fue piloto, también fue figura principalísima como jugador y hace apenas un año fue exaltado al Salón de la Fama de los Navegantes.

¿Qué pasó? Porque el ex camarero, aunque marchaba último este año en la tabla de posiciones, tiene un historial victorioso que únicamente un fanático disgustado podría tachar. Asistió a la final en sus últimas cuatro temporadas. Ganó una corona y dejó encaminada a la divisa hacia otra más que concretó Luis Sojo, en aquel torneo en el que renunció, para atender asuntos familiares urgentes en Estados Unidos.

Pasó que la nave naufragó, es verdad. Dos rachas de cinco derrotas y demasiada distancia frente a los puestos que marcan la clasificación son un asunto de Opinión Pública. Sin embargo, incluso en esas circunstancias, tendría que pesar más su hoja de servicios, su influencia sobre la cueva, su propia leyenda.

… salvo que ya esa influencia no fuera igual o ya no bastara.

¿Se refirió a eso, entre líneas, el defenestrado timonel? Porque las primeras palabras de Malavé parecen reforzar la idea, cuando llama a los peloteros a poner ahora ellos de su parte, y exigirles que en adelante jueguen duro y como debe ser.

Este sótano de los turcos es la lógica respuesta a un cuerpo de lanzadores de rendimiento deficiente. La rotación tiene muy poco que mostrar, salvo por Mitch Lively y últimamente Stolmy Pimentel. De seguir así, el nuevo estratega tampoco conseguirá el rumbo, ni lo conseguiría el mejor de los pilotos. Sin un pitcheo mínimamente adecuado, todo se derrumba.

La salida de Ezequiel Carrera, previamente castigado a sufrir ración de banca en plena final contra Aragua; la pérdida de tiempo de juego de otros peloteros e incluso el cambio de algunas figuras, enviadas a diferentes latitudes con la bendición del alto mando, posiblemente reflejaban ya lo que tanto temía la directiva cabrialense: que García no iba a poder cambiar el ánimo de los suyos; que ya no era el motivador que alguna vez fuera.

Fue afectuosa la despedida. Ejemplar, como su carrera. El Almirante tuvo la hidalguía de decir adiós con palabras positivas para quienes quedan con la responsabilidad de evitar la debacle. Nunca fue un manager revolucionario, se entienden esas críticas, pero su disciplina fue férrea y durante mucho tiempo funcionó.

¿Volverá algún día? Tal vez, cuando cambie la actual generación de jugadores y su voz de mando vuelva a ser la orden inaplazable de los caudillos.