#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// El mal trago del Caracas

Los Leones han sido inconsistentes. Su récord negativo y su posición en la tabla reflejan el bajo rendimiento de sus integrantes. La rotación sólo ha tenido dos o tres semanas de orden. Bateadores importantes no han respondido. A menudo han corrido mal las bases. Abundan los errores con el guante. La afición impreca desde la tribuna izquierda.

En medio de este panorama, era posible el cambio de mando. Ha pasado antes y pasará en futuras contingencias. Así es el beisbol.

Al manager Alfredo Pedrique, además, se le criticaba por dar confianza a José Ascanio en estos tiempos bajos, por ejemplo, o por no dar mayor protagonismo a Franklin Morales, o por perder cada juego. Así es su trabajo: siempre expuesto a las críticas, siempre a punto de pagar los platos rotos.

Pero hay una clave en este golpe de timón que hace del caso capitalino una situación mucho más compleja, incluso peligrosa. Ese elemento es la intervención de los peloteros.

Casi nada puede ser peor para una organización que jugadores pidiendo el despido de un piloto.

Caracas tenía tres caminos: dar la razón a los sublevados y salir de Pedrique; dar la razón a Pedrique y salir de los sublevados; o salir de Pedrique y también de los sublevados.

Ya ha habido coyunturas así. Los Tigres salieron de su estratega y de todos los descontentos en la campaña 2001-2002. Los Leones hicieron algo parecido después de la 2007-2008, dejando ir al técnico Carlos Hernández y al capitán Henry Blanco, la voz cantante del alzamiento.

No importa quién tenga la razón en estos conflictos. Cuando la cueva entiende que puede imponerse, cuando descubre que puede sacar a un manager si se une y protesta, se pierden la disciplina y la línea de mando, y queda sembrada la certidumbre de que todo lo que ellos han hecho está bien.

Los melenudos optaron por salir de Pedrique. Parecía muy tarde para traer a un dirigente de afuera. Buscaron una solución interna. Quizás sólo podían para elegir entre el nombre y leyenda de Antonio Armas y la cercanía de Yorvit Torrealba con los jugadores. Optaron por Torrealba.

Se entiende la decisión: está hecha pensando en salvar la temporada. Alguien que hasta hace meses fue uno de ellos, otrora líder en el terreno, iba a ser bienvenido por los sublevados.

Implica otro riesgo, claro: en el cortísimo plazo, la rebelión consigue un doble objetivo. Se refuerza en la cueva la idea de que todo valió la pena.

Pedrique era el responsable, porque era el piloto. Se puede debatir la forma en que manejó el pitcheo. Pero quienes pidieron su salida, ofendidos por sus declaraciones, son los mismos que corrieron mal las bases, perdieron roletazos y permitieron batazos clave.

La tarea de los peloteros no es ganar; es prepararse a conciencia, entrenar duro y entregarse en el terreno. Si hacen eso, perder es parte del oficio, pero no su culpa.

¿Lo han hecho así? ¿O Pedrique tenía razón, al pedirles más concentración y mejor disposición?

Caracas necesita un cambio más profundo. Lo sucedido en el affaire Carlos Hernández o con los Tigres de la 2001-2002 marca el único camino que puede evitar la repetición de la crisis. El roster ya parecía requerir renovación, ahora eso luce prioritario. Y la oficina necesita revisarse. ¿Está bien su estructura actual, tal como está?

Ese otro punto también parece clave. Mientras varias escuadras han horizontalizado la toma de decisiones, ampliando su tren ejecutivo, los metropolitanos han perdido o salido de piezas, algunas ciertamente valiosas, extremando su dependencia de la presidencia.

Luis Ávila comenzó su mando al frente de los Leones en medio de la crisis de Carlos Hernández. El ciclo se completa con un episodio semejante.

De atender con éxito todo esto depende que quede algo bueno de este mal trago.