#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// La enfermedad del Caracas y su posible remedio

No sirvió el remedio y sigue la enfermedad.

Los Leones salieron de Alfredo Pedrique en plena recta final, una medida de urgencia esperando que los peloteros, algunos de ellos en rebeldía, reaccionaran y metieran al equipo en los playoffs.

No ocurrió así. Con Yorvit Torrealba al frente, el resultado fue el que tanto temía la afición y el que advertía Pedrique.

Caracas quedó fuera. No sólo no salvó la temporada; cierra, además con el dolor y la humillación de tener el peor récord y el último lugar.

¿Qué queda de la debacle? Lamentablemente, muy poco. Los melenudos viven el peor de dos mundos: perdieron el proceso que traían con Pedrique, y que el experimentado estratega pedía profundizar, y tampoco lograron el consuelo de jugar en enero, donde un buen draft y un golpe de suerte podían meterlos en la semifinal.

No queda proceso. Como en 2008, después de la crisis protagonizada por Carlos Hernández, que marcó la salida de Henry Blanco, hace falta empezar de cero, pero no con un nuevo estratega, únicamente, sino con un nuevo proyecto.

La diferencia es sutil, pero importante en una situación como la actual. Hay señalamientos muy claros sobre la actitud de casi una decena de jugadores, y Pedrique ha dicho que desde enero venía pidiendo medidas: cambiarlos, reestructurar el clubhouse. Eso no se hizo.

La gerencia prometió en diciembre que el relevo de mando no sería el único movimiento. Que vendrían otros, previsiblemente al final de la zafra. Pues bien, el final de la zafra ya está aquí.

Hay necesidades profundas. No basta con la aspirina de un nombre importante, un Omar Vizquel, un nuevo comando.
Con Torrealba jugaron igual y tuvieron los mismos resultados. Con él, se fueron por causas de fuerza mayor (o no tanto) varias piezas que hicieron falta en las dos semanas finales. Con él, no practicaron antes del último compromiso ni jugaron todos los titulares que quedaban, un asombroso descuido, por decir lo menos, cuando en ese duelo final se estaba decidiendo la suerte de tres divisas que todavía peleaban por su clasificación, algo que en el pasado llevó a los metropolitanos a protestar contra elencos que hicieron menos que eso.

La falta de ascendencia ha llegado hasta el punto de afectar el espectáculo, lo que resintieron los seguidores caraquistas y ahora, por lo sucedido este jueves, los demás socios de la liga.
Que nada cambiara con dos conductores tan disímiles implica, entonces, que el mayor problema no está en quién es el piloto, sino en cómo se estructura desde arriba la divisa y cómo ejecutan en el terreno aquellos que han sido contratados para tal cosa. 

Está claro que la cueva necesita un proceso de renovación. Pero el alto mando, para eso, debe aceptar el riesgo que conllevan los cambios de jugadores. Los Leones sienten que sus colegas quieren esquilmarlos muchas veces, ofreciendo poco y pidiendo demasiado; pero al observar las negociaciones y hasta los mega canjes de las demás novenas, al menos esas seis que han sido más activas en los últimos 12 meses, hay que concluir que el temor a correr un riesgo está privando.

El diseño del alto mando también requiere de atención inmediata. Caracas ganó un verdadero conocedor del juego al sumar a José Manuel Fernández, pero la gerencia deportiva debería contar con al menos tres o cuatro voces que tengan autoridad para proponer, capacidad para debatir a lo interno e imponer criterios a la cueva, como fue en el pasado.

Se trata, en suma, de estructurar también un equipo para la toma de decisiones, como lo hubo en mejores tiempos, con figuras que ya se fueron. Recordémolos: Oscar Prieto Párraga, Yves Hernández, José Gómez, Miguel Ángel García y Juan Vicente Zerpa, todos en otras ocupaciones.

Esa revisión incluye el papel mismo de la presidencia. La fanaticada ve a Luis Ávila como el único gran culpable. Se sobredimensiona su responsabilidad, en la búsqueda de chivos expiatorios, y seguramente son más culpables los jugadores que, teniendo nombre y experiencia, no hicieron bien su trabajo y asumieron un rol que no les correspondía, pidiendo la salida de Pedrique. Pero así como el ejecutivo tuvo su parte en los tiempos de éxito, la tiene ahora también, en este fracaso. La verticalidad de la oficina capitalina es, muy posiblemente, una de las causas de la crisis.

Ávila se encontró con una situación similar en 2008, cuando asumió su cargo. Aquella vez aplicó correctivos, ordenó el caos, salió de verdaderos emblemas de la franquicia y celebró el título apenas dos temporadas después.

Es momento de reemprender esa tarea, lo haga él o su sucesor.