#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// La Venezuela que queremos y el papel de la pelota

Resultado de imagen para retiro oscar salazarOscar Salazar se ponchó en el último turno de su carrera. Fueron 19 años de batazos, de altas y bajas, de llamados a las Grandes Ligas y aplausos en la LVBP. Con frustración, porque era el noveno inning y sus Bravos estaban abajo en la pizarra, caminó hacia la cueva, con los labios apretados. Entonces, sucedió algo conmovedor.

El sistema de sonido en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez, la casa de los Cardenales, se activó para avisar a los asistentes, unánimemente larenses, lo que acababa de ocurrir: el Cachi, antiguo capitán de los Tiburones, emblema de cinco equipos en nuestra pelota y bateador emergente de lujo en sus tiempos con Baltimore y San Diego, estaba despidiéndose del beisbol activo en ese minuto exacto.

La fanaticada respondió con generosidad, al escuchar el inusual anuncio. Una ovación se oyó en el parque barquisimetano, y acompañó a Salazar en sus últimos pasos hacia la cueva. Quizás alguien le avisó. Quizás él mismo se emocionó, como emocionados estábamos frente al televisor. El caso es que Salazar se detuvo, dio media vuelta, salió del dugout y alzó los brazos, agradeciendo el gesto del público.

Había comenzado la cuenta regresiva para el ingreso del aragüeño al Salón de la Fama de Valencia, un nicho en el que muy posiblemente veremos una estatuilla suya dentro de seis o siete años, porque se va como uno de los mayores hiteadores, jonroneros y empujadores de todos los tiempos en nuestra pelota.

Ese gesto de grandeza, ese detalle con el adversario, quizás haya sido el momento más significativo en todo el campeonato 2016-2017.

Allí no terminó esta historia. Unos 20 o 30 minutos después de ese episodio, en medio de la celebración cardenalera por el pase a la semifinal, el departamento de prensa de los crepusculares puso un tuit que decía más o menos así: “Bravo, bravo, Bravos. Fueron unos rivales dignos”.

El escueto y gallardo mensaje estaba acompañado por cuatro emoticones que pintaban otras tantas palmas.

Este cronista viajó en el tiempo con ambos gestos. Entramos a un estadio por primera vez a los 10 años de edad, y la enseñanza paterna aquella noche todavía nos acompaña: hay que aplaudir también al equipo contrario; sin contrincantes, no hay juego, no hay fiesta, no hay espectáculo.

El tren ejecutivo de Lara está integrado por gente buena, personas con quienes a menudo hemos conversado sobre cómo conseguir que el beisbol vuelva a ser un huerto donde se siembren valores que nos nutran a todos, que nos sirvan para ser mejor sociedad y mejor país. Lo sucedido esta semana fue más allá de las conversaciones. Fue un gesto que tiene que haber tocado hondo a todos quienes fueron esa noche al estadio y a quienes siguen la cuenta en Twitter de los occidentales.

¿Se imaginan si esto empezara a suceder en todos los parques y en las redes sociales de los ocho equipos? ¿Se imaginan qué pasaría si aprendiéramos de nuevo a reconocer el esfuerzo del contrario, si recuperáramos aquel espíritu en el que el eso era más importante que las diferencias?

Desde hace varios años hemos propuesto a los clubes y a la liga que usen su poder de comunicación para encabezar una campaña que nos haga mejores ciudadanos y personas. Es fácil y es posible. El miércoles nos lo demostraron estos nobles Cardenales.