#Beisbol #LVBP IGNACIO SERRANO /// ¿Qué pasó con la garra de los Tigres?

Ningún equipo contó con más grandeligas en la temporada 2016-2017 y ninguno se despide con más derrotas que los Tigres de Aragua, que el miércoles cayeron en el juego del comodín y cerraron con 30 ganados y 38 perdidos.

El defensor de la corona no fue el equipo esperado por tantos. Siempre fue señalado entre los favoritos: al inicio del campeonato, cuando arreciaba la recta final y al comienzo de los playoffs. No había modo de soslayar a esa novena, cuyo lineup promedió menos de 23 años de edad en octubre, pero que llegó a alinear a nueve bigleaguers simultáneamente en un momento de la zafra.

¿Fue Eduardo Pérez? El manager ganador de la campaña anterior prefirió dar un paso al costado. Pero aunque su manejo del relevo pudiera ser sujeto de discusiones, como todo se discute en la pelota, no parece ser la cabeza de turco en esta debacle. Es el mismo que hace un año llevó a los suyos a la celebración.

¿Fue Buddy Bailey? El sucesor de Pérez hizo el trabajo, al sacar a la divisa del último lugar y ponerla en la cuarta posición, aunque nuevamente se escuchan las quejas de quienes no gustan de sus modos.


¿Fue la gerencia? Es curioso que Magallanes y Aragua hayan sido las novenas con más cambios en los últimos 12 meses, y que ninguna de las dos haya podido acercarse a la final que disputaron hace un año. No puede criticarse de inacción al alto mando rayado. Adquirieron a figuras importantes y no terminaron echando de menos a ninguno de los peloteros que entregaron en el proceso.

¿Fueron los peloteros? ¿Por qué con tantos astros nunca pareció existir un team work? ¿Mala suerte? ¿Falta de motivación?

Eso último explicaría por qué tantos se marcharon, aunque sería injusto también, tomando en cuenta las imposiciones de la MLB. Y sin embargo, los rumores se han escuchado en Maracay desde hace semanas, incluso antes de la innecesaria salida innoble de Alex Núñez, uno de los mejores bateadores emergentes en la historia de esta pelota y emblema de la entrega de los bengalíes, q puesto a un lado sin que todavía se conozca la explicación.

El balance no es catastrófico. En el beisbol se gana y se pierde, y los centrales llegaron lejos en la zafra. Se esperaba más, sin embargo, y eso nunca pasó.

Hay razones claras en lo deportivo. La rotación, tan sólida a mediados de diciembre, se desbarató con la inesperada marcha de Marcus Walden, la disputa económica con Austin Bibens-Dirkx y las molestias de Yohán Pino, motivadas quizás por un exceso de innings en la fase regular. Y la ofensiva también cambió.

Era difícil soportar la ausencia de Carlos Tocci, José Rondón, Juan Graterol, Eduardo Escobar, Renato Núñez, Avisail García y Marwin González, además de Walden, Bibens y Pino. En el papel, está claro que los Tigres llegaron a enero con las uñas limadas y varios dientes rotos. Es posible ponerse del lado de la directiva y aceptar lo que pasó como algo inevitable.

También es factible asumir que algo más allá de lo evidente estuvo mal. ¿Se respiraba el mismo ambiente en la cueva? ¿Existía el mismo deseo que en 2016, cuando los bengalíes parecían una tropa hambrienta de victorias?

Le toca al tren ejecutivo analizar esto último, con suficiente autocrítica, y aplicar los correctivos que permitan cerrar 2017 con un balance positivo.