#Beisbol #MLB IGNACIO SERRANO // ¿Cuándo será el próximo escándalo en nuestra pelota?

Resultado de imagen para violencia aguilas cardenales finalNo pregunten si algún día se repetirán los sucesos de violencia que hemos presenciado en esta final de la LVBP. La duda real es cuándo sucederán otra vez.

No había estadios más sucedidos ni seguidores más peligrosos que los ingleses. ¿Recuerdan a los hooligans? Fueron una peste que recorrió Europa. ¿Han escuchado de ellos en los últimos años? No. ¿Han visto cómo se juega al fútbol en Inglaterra? Con rejas de un metro de alto, separando al público de los jugadores a muy corta distancia. ¿Y por qué?

Los hinchas de la Premier no son mejores ni peores personas que nosotros. De hecho, sus destrozos hace dos décadas eran mucho peores que lo visto hasta ahora en nuestros diamantes. Pero algo sucedió que marcó la diferencia: las autoridades futboleras diseñaron una campaña para erradicar la violencia del deporte, incluyendo la siembra de valores, el trabajo conjunto con las fuerzas policiales y la represión puntual.

La campaña invocó la necesidad de actuar correctamente, cada ciudadano en su papel, respetando al adversario, al espectáculo y la propiedad privada. Incluyó también un diseño especial de acceso y mantenimiento del orden en los escenarios. Y muy importante, le puso rostro y apellido a los violentos.

Los líderes de las barras bravas, primero, y los infractores individuales que aparecieran ocasionalmente, todos fueron identificados. Se les prohibió entrar a los parques. Y para evitarlo, sus fotografías y nombres fueron colocadas en las taquillas y accesos, de modo que pudieran ser reconocidos y retirados de inmediato. Los vándalos, además, pagaron también con cárcel.

Así se erradicó en Inglaterra la peste de los hooligans.

El problema de nuestro beisbol es mucho menor y más fácil de controlar. Pero el único modo de evitar una desgracia es tomar previsiones.

La violencia es endémica en la LVBP. En menos de dos semanas, una botella de vidrio fue lanzada desde la tribuna del Universitario y cayó a los pies del umpire principal; José Pirela fue agredido a pedradas en Barquisimeto, en plena final; decenas de personas arrojaron hielos, botellas y otros objetos al terreno, en Maracaibo, y peloteros respondieron lanzando de vuelta los proyectiles.

En los años recientes hemos escuchado cánticos groseros y agresiones verbales desde las tribunas. Hemos visto intentos de ataques físicos, personas tirando objetos contundentes al campo. Peloteros han subido a pelear con el público en Margarita y Puerto La Cruz, o han empujado y a veces golpeado a los árbitros. Los hemos visto devolver el ataque de los violentos y una vez hasta hubo quien lanzó un termo de agua a los asientos de la derecha, en Caracas.

Peor ha sido la violencia de los propios dueños del espectáculo. Propietarios de equipos culpando de desórdenes en su propio parque a directivos visitantes. Ejecutivos ordenando cerrar el estacionamiento interno a sus colegas o a peloteros contrarios. Burlas en el sonido interno, aupadas desde la oficina. Mofa en las redes sociales contra sus pares de otras divisas.

Esto es grave e inaceptable. Y viene pasando en los últimos años. Es fácil entender entonces por qué continuará la violencia en los estadios.

Los hooligans fueron un problema mucho mayor. Pero un día toda Inglaterra decidió hacer su tarea para erradicarlos. ¿Cuándo empezaremos en Venezuela?