#Beisbol #MLB IGNACIO SERRANO /// Cuatro malas para el comisionado Rob Manfred

 
Resultado de imagen para intentional walkCaracas y Magallanes jugaban por su vida en el round robin de la temporada 1994-1995, cuando el manager Phil Regan ordenó una base por bolas intencional desde la cueva de la derecha, en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia. Calvin Jones estaba sobre la lomita y se dispuso a cumplir con el mandato. Nadie imaginaba lo que ocurriría.
Era una situación rutinaria, como cientos de otras que se presentaron en esa campaña y en cada una de las ocasiones en que un catcher se pone en pie, detrás del home, y extiende el brazo, en clara señal de que vendrán cuatro lanzamientos afuera y el bateador irá trotando a primera base.
Jones sorprendió a los miles de aficionados que llenaban el parque y a los millones que seguían el encuentro por televisión. Su lanzamiento salió disparado hacia el backstop, inalcanzable para el receptor, y el corredor que estaba en tercera salió hacia el plato. Para estupefacción de unos y desenfrenada alegría de otros, los Navegantes dejaron en el terreno a los Leones del modo más inusual que pudiera concebirse.
Emil Bracho ha escrito varios libros que abordan la historia de los turcos y de la LVBP. Dirige, además, la empresa de estadísticas Line Score. El periodista recuerda otro episodio semejante, aunque no tiene tan claro los rivales. Fue también por aquellos años y tuvo a Edgardo Alfonzo como protagonista.
“Iban a pasar intencionalmente a Edgardo y el primer pitcheo fue muy cerca del home”, relata Bracho. “Edgardo contó que eso lo alertó. Se dispuso a esperar el siguiente envío, en caso de que también estuviera a su alcance, y así fue. Le dejó caer el bate, puso la pelota detrás del cuadro y se metió hasta la segunda, con un doble”.
El beisbol tiene muchos detalles que lo convierten en ese deporte que tantos consideramos incomparable. Son esos episodios casi mágicos, por improbables, los que alimentan las discusiones amistosas en la fanaticada.
El comisionado Rob Manfred decidió acabar con eso. Desde su ascenso al cargo, ha venido proponiendo ideas para hacer más ligeros los juegos. Estudios en su poder prueban que una mayoría de la afición prefiere compromisos que no duren cuatro horas. La competencia con el baloncesto de la NBA, el hockey de la NHL y últimamente el balompié de la MLS es importante. Hay mucho dinero en juego.
Manfred asegura que los cuatro lanzamientos malos ex profeso son innecesarios. Que se puede ahorrar tiempo al hacer una señal desde el dugout y enviar al bateador directo a la primera base, sin más trámite. Incluso, ha medido el impacto de la medida: se pierde un minuto al seguir el procedimiento tradicional.
Hubo cierta resistencia cuando se introdujeron las repeticiones de TV y cuando se modificaron las reglas para impedir las colisiones en el plato o en segunda base. Se entiende, sin embargo, el motivo de estas novedades: reducir las sentencias injustas, cuidar la salud de los peloteros. Pero, ¿qué se gana con esta medida?
Se entrega un pasaporte intencional cada tres juegos, aproximadamente. Así que, a cambio de más nunca ver a Miguel Cabrera o Andrés Galarraga hacer swing cuando los van a pasar, a cambio de nunca volver a vivir un episodio como el de Calvin Jones, nos ahorraremos 30 segundos por encuentro, en promedio. ¿No sería mejor que Manfred dejara este asunto como estaba, que su encanto tenía y a nadie dañaba, y se ocupe de cosas que realmente puedan beneficiar al beisbol?